“Echadme a los lobos, de Patrick McGuinness

Cuando muera, echadme a los lobos.
Estoy acostumbrado.

Diógenes

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«Un innegable logro literario a la par que una lectura adictiva que recuerda a las mejores novelas de Patricia Highsmith». 
JONATHAN LEE

«McGuinness escribe muy bien… Observador, reflexivo, ingenioso y preciso». 
FRANCINE PROSE

«Un elegante y oscuramente entretenido estudio de cuánto nos marca el colegio, tanto que puede convertir en una pesadilla el resto de nuestras vidas».
JOHN BANVILLE

Poco después del anuncio del Brexit, aparece en el estuario del Támesis el cuerpo sin vida de una joven. Casi de inmediato, su vecino —solitario, elegante, profesor jubilado del Chapleton College— es detenido para su sorpresa como principal sospechoso y convertido por la prensa en un monstruo con el que ensañarse. Tampoco el circunspecto detective Ander Widdowson, encargado del interrogatorio, puede creer que algo así le esté sucediendo: el hombre sentado al otro lado de la mesa es alguien a quien conoce, alguien a quien no ha visto en casi treinta años, desde que él mismo ocupaba como alumno uno de los viejos pupitres de Chapleton …

Un presente saturado por la impiedad de los medios de comunicación y un pasado anclado en el abusivo sistema escolar inglés de los años ochenta; dos sombríos tiempos que Patrick McGuinness maneja y conecta con una precisión heredada de los grandes maestros del género en este lúcido y reflexivo noir literario, basado en un caso real.

Les dejo como muestra un pequeño fragmento:

“Un lugar donde siempre es ahora”

Cerca del colegio hay un puente. Para llegar a las pistas deportivas del otro lado del estuario, los chicos tienen que cruzarlo, y eso hacen tres veces a la semana, llueva o haga sol. Muy metido en agua ha de estar el día para que se cancele un partido, incluso la más estúpida de las actividades compensatorias. «Es la hora del puto corpore sano», dice el señor McCloud, su profesor de educación física, un fumador empedernido que huele siempre a whisky, que se dirige a los chicos como si fueran amigotes del pub y habla con ellos de personajes históricos como si los hubiera conocido en persona. Puede decirte a qué les huele el aliento, qué tienen entre los dientes, cómo andan o cómo llevan las uñas. A los chicos les cae bien, pese a que es irritable e imprevisible, y, cuando se enfada, se vuelve salvaje y parece capaz de morderte. Es corpulento, con forma de barril, y resuella como un acordeón cuando se agacha a atarse los cordones o a recoger una tiza o un cigarrillo. Tiene mala memoria, confunde sus nombres, llega tarde y se marcha antes de la hora, pero a los chicos les gustan sus chistes. No hace falta decir que son chistes guarros. Algunos de los alumnos mayores van a su casa por la noche a beber, fumar y ver películas. Cuando vuelven, huelen a adulto.

Fragmento completo disponible aquí.

 

Published by literauniversal

Licenciado en Filología Hispánica

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